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Entrevista con Lluís Torrents, codirector y gerente de la Sala Razzmatazz

Os presentamos la entrevista que le hicimos a Lluís Torrents, codirector y gerente de la Sala Razzmatazz de Barcelona, presidente de la Asociación de Salas y Conciertos de Catalunya (ASACC) y uno de los miembros más activos del Poblenou Urban District. En la misma pudimos charlar con él sobre la historia de la sala, su vinculación a Poblenou, los retos de las salas de conciertos ante la crisis provocada por la Covidien-19 y el futuro de la industria.

¿Nos podrías explicar brevemente la relación histórica entre la sala Razzmatazz (anteriormente Zeleste) con el desarrollo cultural y artístico del barrio del Poblenou?

La sala Zeleste abrió el Poble Nou en 1986, cuando en la zona sólo había un bar musical al lado que todavía existe, el Ceferino. En aquellos momentos era una zona industrial con una bajísima densidad de viviendas, que se construyeron en el siglo pasado para alojar a los trabajadores de las fábricas.

Gracias a la apertura de la que en su momento fue la sala de conciertos más grande de la ciudad, comenzaron a abrir muchos otros locales atraídos por un espacio donde se concedían licencias de actividad musical y nocturna, y donde vivían pocos vecinos, generando lo que terminó siendo el llamado Triángulo Golfo de Poble Nou.

Una gran cantidad de gente joven se desplazaba cada fin de semana a Poble Nou para disfrutar de una oferta musical generalmente alternativa, donde el Pop y Rock independiente, Gótico, Heavy, Hip Hop y otros tipos de música no comerciales eran una marca de identidad del barrio.

¿Cómo has vivido la evolución del Poblenou durante los últimos años?

Yo aparecí en el barrio sobre el año 1998, al final de la etapa de Zeleste, un par de años antes de que abriéramos el Razzmatazz. El barrio no tenía nada que ver con la actualidad. Era la época post olímpica y el plan de transformación 22 @ se empezaba a plantear. La poca actividad que había en el barrio se reunía en naves industriales de almacenamiento, transportes o talleres y en el inicio de la transformación de naves vacías en lofts, tanto para artistas que buscaban espacios alternativos y diáfanos para crear y vivir con precios asequibles, como por especuladores que veían en esta reforma una buena inversión, a la espera de vender más adelante a precios abusivos.

Era el momento de la eclosión artística del barrio. La gente, atraída por las naves vacías los precios moderados y los espacios tranquilos, comenzó a crear una comunidad de autónomos y empresas relacionadas con la cultura, tanto de las diferentes disciplinas artísticas clásicas, pintores, escultores, como las relacionadas con las nuevas tecnologías del arte audiovisual. Especialmente del sector musical, se establecieron una gran cantidad de promotoras de conciertos, festivales, discográficas, salas de ensayo, empresas proveedoras de equipamiento profesional de música en directo y salas de conciertos.

A lo largo de tu experiencia como profesional, ¿Cómo has vivido la evolución de las salas de conciertos? A nivel tecnológico, de estilos de público, etc.

Por un lado, ha habido un cambio tecnológico evidente en cuanto a equipamientos técnicos que reducen el consumo energético de forma considerable y mejoran las condiciones de trabajo, la calidad del sonido, luces y video, haciendo que la experiencia de la música en vivo sea cada vez de mayor calidad y más eficiente energéticamente. Por otra parte, en los últimos treinta y cinco años la música ha evolucionado generando nuevas tendencias, algunas facilitadas por la tecnología, como la música electrónica en los años noventa, o en la última década con la eclosión del Trap, el Hip Hop y otros ritmos urbanos muy vinculados con la facilidad de auto editarse y con pocos medios.

La irrupción del mundo digital, el streaming, y la caída en picado de las ventas de formatos analógicos, ha hecho que los artistas necesiten más que nunca los ingresos de la música en directo, lo que ha sido determinante en el incremento de festivales y espacios de música en directo en todas partes.

Nos podrías explicar la situación en la que se encuentra la sala Razzmatazz actualmente?

Actualmente estamos cerrados desde el 13 de marzo de 2020. Tenemos a toda la plantilla, unas 130 personas 100% al ERTO, a excepción de unos pocos que lo estamos parcialmente para reprogramar conciertos, hacer tareas de mantenimiento, mantener una mínima comunicación por redes y sobre todo personal de administración, para intentar negociar la financiación bancaria y tramitar todas las subvenciones que se vayan consiguiendo desde las asociaciones del sector para así  poder aguantar el máximo tiempo posible cerrados.

Pocos meses después del inicio de la pandemia, movimientos como Alerta Roja empezaban a advertir del posible cierre (y desaparición) tanto de salas de conciertos como de ocio nocturno si no se tomaba alguna medida, hasta el punto de llegar a la iniciativa ‘El último concierto’. Después de aquello, ¿Ha habido algún movimiento por parte de las administraciones públicas?

La iniciativa de “El último concierto” surgió de la Asociación de Salas de Conciertos de Catalunya (ASACC) con el objetivo de visibilizar el estado de precariedad en el que se encontraba todo el sector de la música en directo, especialmente después del verano del año pasado. En ese momento no teníamos ninguna ayuda de la administración y la música estaba excluida de las actividades culturales. No se la tuvo en cuenta cuando se permitió que otras actividades artísticas, como los cines y teatros, abrieran a pesar de las limitaciones de aforo.

Creo que sirvió para concienciar un poco de la situación en la que estamos y de hecho, ahora ya hemos recibido algunas subvenciones, que a pesar de ser totalmente insuficientes, nos ayudan a sobrevivir. Hemos conseguido que se nos reconozca como actividad cultural y, al menos, podemos abrir en las mismas condiciones que cines y teatros, aunque en la práctica, muy pocas salas se pueden permitir abrir con unas condiciones tan adversas de aforo y de prohibición de servir bebidas.

Dado que además de ser gerente de la sala Razzmatazz eres también presidente del ASACC, debes estar en contacto con directores de salas, programadores, organizadores de eventos, grupos musicales, etc. ¿Qué ánimos se respiran en el sector?

La situación de las salas y clubes es desesperante. Ahora hará un año que la gran mayoría estamos cerrados, no hemos podido recuperar la actividad en ningún momento ni parcialmente, las ayudas recibidas son claramente insuficientes y en muchos casos no llegan a cubrir ni un 10% de los gastos estando totalmente cerrados.

Tenemos muy claro que la solución no son las ayudas económicas, porque es evidente que no hay suficiente dinero para pagar este desastre. La única solución es poder volver a abrir en condiciones. Es por eso que tenemos que invertir tiempo y recursos para encontrar soluciones que permitan recuperar la actividad con garantías de seguridad para toda la población, a través del uso de certificados de vacunación y del test de antígenos que garanticen que quien se desplace para asistir a cualquier evento, donde no se pueda evitar el contacto social, no puede ni contagiar ni ser contagiado.

Si la única manera de recuperar la actividad es llegar a la inmunidad de grupo con la vacunación, posiblemente todo el sector del ocio nocturno y eventos musicales y deportivos con contacto social, tendrán que esperar hasta mediados de 2022 y dudo que haya suficiente dinero para rescatar a unos sectores que ya están desapareciendo.

Tenemos claro que esto es una carrera de fondo y que debemos intentar aguantar con el mínimo gasto posible para intentar que las pérdidas mensuales sean asumibles y nos podamos recuperar cuando volvamos a abrir. Pero también está claro que no es fácil y, sobre todo, que la percepción que tenemos muchas salas es que nos están dejando morir y que somos los últimos de la fila a ser atendidos.

La sensación generalizada es que no se está teniendo en cuenta ni el sector ni a la gente joven (y no tan joven) que necesitan relacionarse, disfrutar de la música, el baile y la cultura y que, en general, la administración no es lo suficientemente conscientes de que todo esto también es un componente básico y muy importante para la salud de las personas.

La necesidad de seguir trabajando y emitiendo contenido ha hecho que las plataformas de retransmisión en streaming hayan cobrado mucha importancia. ¿Crees que tienen cabida en el futuro de las salas de conciertos?

Creo que acabarán siendo un complemento para facilitar el acceso de más gente a la música pero de una manera muy diferente y en ningún caso de forma sustitutoria de la música en directo, ya que esta seguirá siendo siempre totalmente única e irrepetible.

La experiencia de ver un concierto en vivo, estar rodeado del resto del público, bailar, cantar, sudar y la relación que se establece con los artistas y con el resto de los participantes, es algo que sólo se puede obtener en un determinado momento y en unas determinadas condiciones. No tiene nada que ver con disfrutar de un concierto a través de una pantalla.

¿Cómo ves el futuro (a medio-largo plazo) del sector cultural dentro de la ciudad de Barcelona?

Pues no es muy esperanzador. En cuanto a la música en directo la pandemia está afectando muy duramente a toda la cadena de valor de la música, empezando por los mismos artistas que no pueden actuar o los técnicos que no pueden trabajar y que ya venían de unas condiciones laborales totalmente precarias estructuralmente, esto ha provocado que casi no se hayan podido acoger a ningún tipo de ayuda. Mucha gente está haciendo un cambio de orientación en sus vidas, planteándose dejar el sector, ya que es muy difícil vivir de la música.

En cuanto a las salas, el problema se ve agravado por la prohibición de conceder nuevas licencias de actividad en la ciudad, por la caducidad de las existentes después de dos años de inactividad y por la amenaza de los fondos buitre. Estos están intentando especular con unas licencias que ahora se pueden comprar baratas y así acabar eliminando la música en directo, que no es especialmente rentable, y dedicarse a la explotación de la hostelería nocturna clásica, más provechosa económicamente, a fin de poder vender estas licencias dentro de unos años con unas grandes revalorizaciones.

Así pues, si no se toman las medidas adecuadas, nos podemos encontrar con una desertización cultural de la ciudad, que será casi imposible de revertir.

Ahora que parece que la vacuna cada vez está más cerca, ¿Ves esperanza en la situación de la sala Razzmatazz? ¿Contempláis un mejor escenario de cara al verano?

Lo cierto es que no confiamos mucho en el hecho de que en verano estemos en situación de abrir en condiciones, de poder mantener nuestra actividad principal, que son la música y el baile, que es totalmente incompatible con la distancia de seguridad.

Aunque tenemos esperanza en los ensayos clínicos que está desarrollando el Hospital Trias i Pujol, con la colaboración del sector, para validar el uso del test de antígenos. Esto, sumado a que parte de la población ya estará vacunada, puede que se empiece a recuperar la actividad progresivamente después del verano.