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Cómo disfrutar de un viejo barrio nuevo: crónica de un paseo

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Tras el frío invierno, los primeros rayos de sol suelen enloquecer al urbanita barcelonés. Un sábado de marzo, mis ganas de sol y de calle coincidieron con la invitación de una amiga, la incomparable Gloria Morera, a participar en el Open Day organizado por Poblenou Urban District. Un proyecto en marcha desde algo más dos años, que conectan y difunden las iniciativas culturales y de ocio que no cesan en este singular barrio del distrito de Sant Martí. Me entusiasmó. De este Open Day con actividades diversas, yo me apunto a los tours. No hay nada que me guste más que conocer nuevas gentes con proyectos nuevos. Espera, también me encanta ser turista en mi propia ciudad y Poblenou es para mí un territorio urbano desconocido. Soy una más de los miles de barceloneses que, mirando hacia el noroeste de la ciudad, vimos a su fachada marina erizarse con la silueta de edificios bien singulares. Inauguraron la renovación del perfil las dos torres, la Mapfre y el Hotel Arts, siguió la fálica y lumínica  torre Agbar, la sede de Gas Natural… alrededor del Teatre Nacional de Catalunya y de l’Auditori aún crecen edificios de oficinas y hoteles. Lo llaman el 22@. Están tirando el nudo vial elevado del Clot y los Encantes Viejos se han albergado bajo una novísima y especular construcción. Pero, ¿y el barrio-barrio? ¿Sus gentes de siempre, sus nuevas gentes? ¿Dónde están y qué hacen? Sospecho que Poblenou Urban District me va a dar pistas.

Llego temprano a sede del Poblenou Urban District, que está en la galería de arte y estudio creativo La Plataforma, obra y gracia de Claudia Costa y un equipo de colaboradores multidisciplinar. Nos esperan Gloria y Anna Pou, historiadora del arte y, como pronto descubriré, una guía de lujo para este tour matinal al que se han apuntado más de una veintena de personas curiosas. Sólo por lo que transmiten ya me caen bien todos.

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Por la mañana: el viejo Poblenou

Comenzamos hablando del origen del barrio en plena revolución industrial. Un viaje al pasado a través de las cautivadoras palabras de Anna Pou, que nos invita a imaginar esta antigua zona de pantanos que se secaron para conseguir grandiosos prados de indianas o secaderos de telas al aire libre. Así comenzó la actividad fabril del barrio. Nos ponemos en situación entrando en un inesperado pasaje de casas bajas. Están reformadas pero conservan la esencia de aquel tiempo en que fueron habitadas por los trabajadores de las fábricas. Mientras Anna nos lee un fragmento de la novela de Xavier Benguerel, Icaria, Icaria, y nos enteramos del porqué se llamó a esta barriada «la Manchester Catalana«, unas señoras asoman la cabeza y comentan en voz alta la presencia del grupo. Me acerco a ellas y les pregunto desde cuando viven allí. Desde que nacieron, me responden con una sonrisa. La mayor debe tener unos ochenta años, por lo que entiendo que son testigos y protagonistas de mucho de lo que nos cuenta Anna. No les molesta la incursión, al contrario: se sienten orgullosas de decir que allí se vive tranquilamente, que el vecindario está muy unido. «Vuelvan cuando quieran», se despiden.

Ahora el tour nos acerca a dos magníficos ejemplos de rehabilitación arquitectónica y económica. Can Cullera (nombre con el que se conoce a la antigua fábrica Ribera) nos deja con la boca abierta. Salvador, uno de los artífices de la transformación, explica con verdadera pasión el proyecto que ha convertido la gran factoría de cubiertos, y de armamento durante la Guerra Civil, en un espacio de coworking de nuevas empresas, en modernos lofts de alquiler y (¡lo mejor!) en  una sala que expondrá parte de las más de 20.000 piezas de molde y utillaje halladas en los almacenes. Son realmente preciosas, y vuelven a la vida reconvertidas en lámparas, mesas o, sencillamente, como objetos de decoración únicos. La sala se llama Eterna. Ay, don Ortega y Gasset, lo sentimos pero el arte puede ser útil y lo útil puede ser bello.

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Descubriendo el Open Day

No quiero marcharme nunca. Esto acaba de comenzar y ya nos esperan en Noak Room, una tienda de muebles vintage escandinavos. Mientras tomamos una copa de cava, nos explican el origen del proyecto. Antes quería quedarme a vivir en Can Cullera, y ahora solo pienso en decorar mi apartamento en Noak Room. El grupo variopinto que somos se enriquece con la presencia de Laura, una psicóloga argentina que hace más de veinte años llegó a Poblenou, experimentó su declive y ahora vive feliz su auge actual. Me pasaría horas escuchando su fascinaste historia ligada a la del edificio. Al cabo de poco llegamos a The Folio Club, una imprenta, editorial y sala de exposiciones ubicada en el espacio inmenso de la antigua fábrica harinera de La Asunción. Salgo de allí con la cabeza hirviendo de ideas que huelen a tinta y a fotografía. Seguimos andando este “barrio de las maravillas” lleno de asociaciones vecinales y mutualistas, como el Casino de l’Aliança del Poblenou, heredadas de su pasado obrero y libertario. La visita de la mañana concluye en el taller del artista Antoni Yranzo. Estoy segura de que pocos de nosotros hemos tenido la oportunidad de escuchar las palabras de un artista in situ sobre su trabajo y el origen de su pasión, en este caso por la madera.

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Entramos en modo charla que solo concluye por la llamada del hambre. Los muchos restaurantes de la zona que se hallan en pleno apogeo del Open Day. Entro en La Pubilla del Taulat a disfrutar de unas tapas y un vermut. No es fácil ganar un huequecito en la barra. Los propietarios están desbordados pero felices con el Open Day. Me tomo el café y un par de fartons en la centenaria horchatería Tío Che. Hablando con camareros y clientes compruebo que está siendo un verdadero éxito, que es un boca-oreja que se extiende, que la gente tiene ganas de más. Me encanta la sensación: como de estar en casa y descubrir habitaciones ocultas.

Por la tarde: El Poblenou moderno

Con las fuerzas recuperadas me lanzo al tour de la tarde. Ahora nos pasearemos por la parte opuesta del barrio. Visitamos Onair para descubrir cómo una nave de reparación de barcos ha pasado a ser la sede de una compañía de danza aérea. Nos hacen una demostración y, todavía impresionados por el vuelo de la artista, proseguimos nuestro paseo. Me doy cuenta de que somos más personas que en la mañana. Algunos me miran y sonríen. «Esta chica no puede parar de hacer fotos», deben pensar. Y es cierto. No sé dónde enfocar. Casi me pierdo las explicaciones sobre uno de los edificios más vistos pero desconocidos de Poblenou. Recuerda al Flatiron Building de Nueva York pero es la restaurada Casa Antonia Serra i Mas y nos causa sorpresa en la esquina de las calles Pallars y Pedro IV. Anna Pou hace interesantes comparaciones entre esta joya de 1926 y los modernos edificios acristalados que se atisban en perspectiva a lo lejos. Ahora vamos a ver más de cerca algunas de esas nuevas construcciones y podremos sumarnos al debate sobre su pertinencia dentro del proceso transformador del barrio. Lo hacemos, sí; pero informados.

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Junto a la arquitectura industrial rehabilitada se han alzado nuevas propuestas como el edificio burbuja del Media-Tic, el primer edificio ecológico sostenible que recibe energía calorífica de la Central Térmica del Besos, o el edificio que ha recuperado la industrial Can Framis para convertirse, a través de la Fundación Vila Casas, en un museo privado de Pintura Catalana Contemporánea. ¿Veis como no sé donde enfocar? Cae una lluvia fina que no nos detiene en nuestro paseo. Entramos en los 600 m2 del Espai Erre, un espacio donde antes de fabricaban banderas y ahora se abandera un coworking de profesionales de las artes escénicas y audiovisuales. A través de sus inmensos ventanales veo aparecer el arco iris. Me rindo de buen rollo, aparco la cámara unos instantes y me tomo una cerveza fría. Mientras, veo como unos jóvenes montan una impresora 3D y una chica encantadora me explica que su compañía de danza organiza pases especiales que combinan gastronomía con coreografías inéditas. Apunto, apunto, apunto… que alguien me preste una agenda que la mía se está quedando corta.

Escampa. La luz del atardecer es casi mágica. ¿Un encargo de los excelentes organizadores del Open Day Poblenou Urban District? Pudiera ser porque ahora en el Twentytú, un hostal high tech con vistas únicas sobre el Teatre Nacional y el resto del barrio, vamos a poder participar en un concurso de Instagram. Pronto deberé despedirme de todos, de la incansable Gloria Morera y de Anna Pou, a quien tengo que  agradecer su bien dosificada sapiencia sobre el barrio. Vamos a querer repetir. Yo, desde luego. Las caras de mi alrededor me dicen que también. Desde los altos de este establecimiento sostenible e innovador tengo un pensamiento muy optimista: con gente como la que he conocido hoy igual un día salimos de esta crisis. Y algunos políticos y banqueros no se habrán dado ni cuenta.

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Fotografías por Pepi Bauló Annabel H. Beltrán

Texto de Pepi Bauló

Más información en: www.pepibaulo.com