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“El Grado en Bellas Artes nace como espacio de libertad radical”

Lúa Coderch (Iquitos, Perú, 1982) es artista y la jefa de estudios del Grado en Bellas Artes de BAU. La nueva titulación empezará a impartirse en septiembre del 2022 y es la primera de este ámbito de una universidad privada en Cataluña.

Coderch ha sentado las bases de unos estudios que se presentan con una clara intención profesionalizadora, con la voluntad de ocupar un espacio central en los debates contemporáneos y de dialogar con otras disciplinas del conocimiento.

Consciente de los retos y necesidades del presente, la artista ha reunido a un equipo docente joven, internacional y en activo, preparado para ofrecer un acompañamiento cercano y personalizado y cuidar la trayectoria de cada estudiante desde la libertad y la responsabilidad.

Verano del 2022. Tenemos un mundo en pandemia, en guerra y en emergencia climática, y diversas crisis simultáneas. ¿Cómo se inscribe la nueva titulación en este contexto?

La práctica artística es una manera de entender la complejidad de lo que está ocurriendo a tu alrededor, asimilarlo, intervenir e implicarte. Desde los estudios, queremos acompañar esta actitud. Aunque la práctica artística también puede funcionar desde una lógica muy autónoma e introspectiva, estas lógicas siempre tienen grietas, y todo arte, de una manera u otra, acaba siendo situado o político.

¿Hay la voluntad de entender qué sucede y reaccionar artísticamente?

Sí. Tenemos muy claro que, desde el trabajo con referentes hasta el planteamiento de proyectos, debemos tener siempre la capacidad de reflejar y ser cuidadosos con aquellas cosas que son urgentes en la actualidad. El grado nace con una preocupación y una sensibilidad por cuestiones urgentes como la emergencia climática, la sostenibilidad, la interseccionalidad y el género.

¿Con qué intenciones se ha diseñado el plan de estudios?

Las asignaturas y los proyectos deben ser un espacio de libertad radical para los estudiantes. Cada uno decidirá dónde pone los énfasis y los acentos. Y esto se acabará traduciendo en los resultados de aprendizaje. Es muy importante no reconstruir, una vez más, las genealogías y los grandes nombres que siempre han estado en el top de las jerarquías. Los planteamientos teóricos no son nunca neutros, siempre tienen sesgos. Descubriremos otras narrativas que también existen y que han sido menospreciadas históricamente, como los colectivos minorizados. El Grado en Bellas Artes está planeado desde la posibilidad de trabajar en cualquier lenguaje, técnica y tecnología. Incluye desde tradiciones como la figuración hasta la posibilidad de incorporar lenguajes que se están desarrollando en este mismo momento. El único requisito esencial es que, sea lo que sea lo que decidamos hacer, el medio o lenguaje con el que trabajemos, lo hagamos desde una perspectiva situada.

¿Qué significa un arte situado?

Ser consciente de cómo tu práctica te coloca en un lugar en el mundo. Si tuviéramos una concepción demasiado purista del arte, aislada del mundo, nos dejaríamos cosas. Cuando decimos que una práctica está situada, queremos decir que uno deber entender que su práctica siempre supone una serie de decisiones. Se trata de tener esta conciencia crítica. De entender que toda herencia lleva una carga, sea desde el minimal, desde la abstracción o desde una herencia más clásica. Dicho esto, nada queda excluido.

Hablando de herencias, el nuevo grado aprovecha el impulso del Grado en Diseño, consolidado y en la décima promoción. ¿Cómo dialogarán ambas titulaciones?

Hay determinadas instancias del trabajo en diseño y del trabajo en arte que son nítidamente diseño o nítidamente arte. Y también hay zonas de grises. Hacer esta delimitación es un ejercicio fértil, porque todo esfuerzo para entender siempre es productivo. Pienso que algunas de las realizaciones más interesantes del diseño y del arte son muy cercanas entre sí. Y es muy interesante cómo se pueden llegar a enriquecer los dos grados. Porque la forma de aproximarse a las maneras de hacer en diseño y arte será muy epidérmica: compartiremos talleres, instalaciones, momentos de visibilidad y presentaciones.

¿Y cómo se aprovechará el ecosistema artístico de la ciudad? ¿Qué supone estudiar Bellas Artes en Barcelona en este momento?

Creo que en Barcelona el nivel de producción artística es muy alto. No tenemos absolutamente nada a envidiar a otros escenarios europeos. Aquí se trabaja muy bien, pero tenemos un ecosistema frágil, muy centrado en la emergencia, en el despuntar de la carrera, y con espacios de consagración para recoger el final de una trayectoria. Sin embargo, la zona del medio es más confusa, más gris. Dicho esto, creo que tenemos una ventaja: una capacidad muy grande de entrar en diálogo con este contexto, que es cercano y receptivo, y que tiene muchas ganas de generar actividad y sinergias.

¿Y como se establece la relación?

De muchas maneras. De entrada, por una razón muy sencilla: el profesorado son artistas en activo en este contexto. Por lo tanto, estas oportunidades nacen sin ni siquiera buscarlas. Tener profesores exponiendo en el MACBA o en la Virreina, haciendo publicaciones y presentaciones, y generando actividad permanente, nos nutre mucho. También hay una actitud activa por nuestra parte. Tenemos el reto de ampliar la capacidad de dialogar con todo este escenario institucional y no institucional, con agentes independientes y los márgenes, a través de convenios y proyectos.

¿Cómo acompañaréis al alumnado?

Los profesores podremos conocer uno a uno a los estudiantes. Y estamos desarrollando mecanismos para que este seguimiento sea lo más variado posible. Esto es especialmente importante en el desarrollo primerizo, cuando quien está empezando no sabe qué capacidades tiene, ni de qué quiere hablar, ni cómo debe hacerlo. Todo son pequeñas intuiciones. Que quien te acompañe te diga “ostras, ¡fíjate qué interesante esto que está ocurriendo aquí! ¡Esto no lo hace nadie más!”, tiene que ver con cuán finas y sensibles sean las miradas de la gente que tienes a tu alrededor.

¿Dónde empiezan y acaban los límites del aula y del taller?

Nuestros estudiantes estarán explicando y mostrando todo el rato lo que hacen a gente muy diferente, lo que hará que se acelere este proceso de autoconocimiento y de exponerse a miradas de terceros, que son también quienes te ayudarán a entender qué está sucediendo. Tenemos muy claro que este camino de autodescubrimiento de la propia práctica debe venir acompañado de oportunidades para que florezca, porque no tendría sentido que se quedara entre cuatro paredes. Trabajamos activamente para articularlo hacia afuera.

Aquí es donde entra la voluntad de profesionalización, otra idea clave.

En general, el ámbito universitario parece que viva de espaldas a lo que viene después, y al hecho de que cuando estudias una carrera, del ámbito que sea, al final lo que quieres es ganarte la vida. Por lo tanto, es muy interesante empezar este camino teniendo claro que el objetivo es este. Y también porque en la práctica artística, el proceso de aprendizaje no se acaba nunca. Un artista que está trabajando está aprendiendo constantemente. Todos los que empiecen el trayecto con nosotros, después deberán seguir dotándose de herramientas y conocimientos que les permitan continuar desarrollando sus proyectos. Si hablas con un artista de 50 años, te dirá que está probando cosas todo el rato. Mi manera de operar es siempre identificar mi zona de confort y salir de ella. Cualquier artista en activo siempre sigue buscando, buscando y buscando. La diferencia es que nosotros entendemos que esto no es un proceso que se tenga que vivir en soledad, de manera autónoma, sino que la profesionalización tiene que ver no solo con entender que esto deber ser un medio para ganarte la vida, sino que además tus prácticas se deben socializar.

¿Qué quiere decir socializar una obra de arte?

Que dónde tiene sentido es en relación con el mundo. La profesionalización tiene que ver con la visibilidad de tu trabajo, con su capacidad de interactuar con diferentes públicos, con el hecho de que cuando muestras algo, lo que estás haciendo se transforma, y sus fortalezas y debilidades se aclaran muchísimo. También hay el objetivo de hacerse responsable de lo que uno hace. Cuando muestras tu trabajo, tienes que defenderlo y hacerte cargo de él.  Y esto es muy interesante, porque de toda esta conciencia, de qué significa que digas o muestres algo, asumes las consecuencias. Esto forma parte de profesionalizarte. No solo entender que aquello que estás haciendo es valioso y que, por tanto, es lógico que tenga una retribución, también con cómo funcionan las buenas prácticas. Y para desmontar un poco la conciencia general de que las cosas se hacen por amor al arte. El amor al arte no excluye ganarse la vida con el arte, precisamente. Lo que haces es valioso porque estás haciendo una aportación a la sociedad. No eres un amateur. Eres un profesional. Y estás incidiendo en tu contexto de una manera consciente y responsable. Emerger es esto: aparecer en la esfera pública como una voz. Y una vez allí, trabajar para hacernos profesionales en este ámbito.

¿Cómo te imaginas la experiencia de estudiar y vivir las Bellas Artes en BAU? ¿Cómo te gustaría que fuera?

Hablamos de un ámbito en el que el desarrollo personal y profesional van de la mano. Es difícil que tu práctica crezca sin un mayor autoconocimiento. Por lo tanto, es un proceso muy radical. De entenderte y examinar realmente qué quieres decir y cómo lo puedes decir. Además, es un camino de transformación profunda, asimilas nuevas maneras y herramientas para expresarte, y desarrollas un lenguaje propio. Estos primeros años son maravillosos. También son duros, porque ser radical significa ir a la raíz de las cosas. Es una sacudida fuerte.

¿Y cuál es la recompensa?

El nivel de conciencia que llegas a adquirir sobre tú mismo y sobre el mundo. Tu práctica es una especie de cordón umbilical con el mundo. Te permite relacionarte con él desde un espacio muy particular. Yo lo recuerdo como un momento muy emocionante. Y no solo son los años de formación, porque después te acompaña el resto de tu vida, y eso es muy bonito.

Como artista en activo, ¿qué supone para ti haber diseñado este nuevo grado y ahora ser su jefa de estudios?

Lo he vivido con ilusión y responsabilidad a partes iguales. He pensado en qué me hubiera gustado encontrarme en la carrera y qué acompañamiento hubiera querido. Debemos tener la capacidad de acoger prácticas muy diversas, y esto no es una cuestión de gustos. Debe ser un espacio de crecimiento real para cualquier persona, es decir, acompañar sin interferir en esta raíz profunda en la práctica de la persona. Hacer esta reflexión ha sido muy interesante. Además, son los primeros estudios de Bellas Artes que aparecen en el ámbito privado, y eso es importante, porque era una anomalía.

Es una sacudida para todo el ecosistema artístico. El sector no puede permanecer indiferente.

La idea es que se note que estamos. Siempre desde la voluntad de colaboración y aproximación. Algo que descubres cuando empiezas a conocer el contexto del arte es que es una comunidad muy bonita. No es que no haya tensiones ni conflictos, pero hay mucha más solidaridad y apoyo mutuo. Vamos hacia un lugar que está muy bien.

Más allá de la puesta a punto de la nueva titulación, ha sido un curso trepidante para Coderch, que ha expuesto Palau de vent (Premi de Videocreació 2020) en el Tecla Sala (L’Hospitalet) y Shelter en Bienalsur (Buenos Aires), además de formar parte de una muestra colectiva en Berlín, de ganar el premio ARCO/Beep de Arte Electrónico con Echo y de participar en las jornadas Actuar en la emergencia (BAU y Hangar), en la Feria de Arte de Liste (Basilea) y en la bienal Manifesta (Pristina, Kosovo). En otoño presentará Cascar una nuez en la Fabra y Coats (Barcelona) y repondrá Palau de Vent en el Bòlit de Girona.

 

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