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¿Especulación o remedio? Las tendencias del sector audiovisual, por Nico Juárez

Nico Juárez Latimer-Knowles, diseñador transdisciplinar, investigador y docente en el área de proyectos de BAU analiza y contrapone el fenómeno de las tendencias audiovisuales, que presenta año tras año las mil y una novedades del sector.

 

Hablar de tendencias en cualquier sector es arriesgado, ya que implica augurar qué va a ocurrir en el futuro y eso no es tarea fácil, aunque, por otro lado, ya se sabe, la magia en general y las artes adivinatorias en particular acostumbran a tener truco. Si bien muchos futuros son potencialmente posibles, también es cierto que si unos cuantos agentes influyentes se ponen de acuerdo siempre pueden inducir en una cierta dirección. Una reunión del calado del Mobile Word Congress es una invitación a la máxima comunión entre algunos de los videntes más respetados, las marcas se aúnan y en el máximo frenesí se produce un clamor luminoso que señala la dirección, “todos a una Fuente ovejuna”.

Como en la industria de la moda, las tendencias pretenden establecer conductas de consumo, una temporada supera a la otra irremediablemente, se trata de un efecto de obsolescencia programada para que, a pesar de que las prendas adquiridas y su materialidad permanezcan inalteradas, los tonos, las formas o los patrones sufran de una vejez prematura o de una inusitada muerte repentina. Pantone y unas cuantas marcas poderosas pondrán su granito de arena, que no quepa ninguna duda. Pero en el caso que nos ocupa, ¿en qué podrían consistir esas estrategias o estratagemas?

El sector audiovisual vive y bebe de dos grandes fuentes, por una parte, está todo lo que emana de la producción y distribución de contenidos, y por la otra encontramos todo lo relativo a las herramientas y dispositivos necesarios para generarlos o consumirlos. Teniendo en cuenta estos dos frentes, contenido y continente, es lógico que aumentar los caudales de distribución para entregar contenidos de altísima resolución siempre sea un ejercicio obligatorio. Una pirueta que implica la mejora de las infraestructuras de servicio y la renovación de todos los dispositivos de creación y de consumo. Así que cuándo el 4K y el 5G estén ya en todos los hogares y en todas las manos, llegará el 8K y el 6G, y así sucesivamente hasta que el coltán o la explotación de otro mineral implicado digan basta.

A finales de los 90 el VRML (Virtual Reality Modeling Language) iba a invadir la red, pero los estándares mínimos de usabilidad no pasaron el examen, los usuarios no perdonan, menos mal. Otras embestidas de Realidad Virtual y Aumentada se han ido sucediendo, en 2016 el mismísimo rey Midas, Mark Zuckerberg, aterrizó en Barcelona con las gafas debajo del brazo. Esta vez sí, era el año definitivo de la RV, pero no acabó de suceder, incluso las Google glasses y la RA se quedaron en un cajón. La industria del videojuego, y el sector del entretenimiento en general, han acogido estas innovaciones, nadie les resta el efecto deslumbrante y sorprendente. Ahora bien, pasar del “viaje puntual” al uso prolongado y generalizado es otra cosa. ¿Es el metaverso una realidad o un espacio para la especulación?

La emergencia climática y la crisis económica ha propiciado que tres de los grandes magnates se hayan aventurado a indagar e invertir buscando alternativas de vida en el espacio. Elon Musk y Jeff Bezos apuntan al espacio exterior, Mark Zuckerberg al espacio interior. Meta, en definitiva, significa ‘junto a’, ‘después de’, ‘entre’, ‘con’ o ‘acerca de’. Y esa es la voluntad de los tres gigantes, buscar áreas de negocio ‘junto a’, ‘después de’, ‘entre’, ‘con’ o ‘acerca de’, y así será muy a pesar nuestro, porque hacernos dependientes de sus soluciones es su última y verdadera “meta”.

El metaverso es un lugar para el diseño especulativo y para la especulación. La etimología proviene de espejo, aquello que nos refleja y nos devuelve una imagen invertida. Especular es invertir al otro lado del espejo, donde el espacio se duplica y el tiempo se atrofia. Como si de un nuevo Second Life se tratara volveremos a emular lo que ocurre en este lado, a comprar terrenos, construir casas, diseñar muebles y vestimentas para nuestros avatares, además de todos los caprichos, productos y servicios que se nos ocurran. Los disfrazaremos con novedosos lazos y los maquillaremos para que no parezcan negocios agresivos. En esa irrealidad, la criptomoneda y los NFT han llegado ya a conferir precios desorbitados, incluso a un humilde pixel gris.

Así que nos dediquemos a lo que nos dediquemos, sí, el sentido común nos indica que deberíamos especular al otro lado, ya que este se está agotando. ¿O tal vez deberíamos poner remedio?